jueves, 6 de abril de 2017

Don Nicolás.



                Todos sentían lástima de él. ¡Pobre hombre, con lo inteligente que fue! Como si tener alzhéimer fuera quedarse tonto. Él oía y callaba. Ellos pensaban que cuando estaba horas con la mirada perdida en algún punto del infinito, estaba perdido en busca de sus recuerdos. Nada más lejos de la realidad. Nunca estuvo más vivo su pasado, solo que la mente, su maravillosa mente, aquella amiga que parecía que le había traicionado, su único bien y fortuna -como le gustaba decir a veces- había comprendido que no merecía la pena recordarlo todo. ¿Para qué recordar cosas que, aunque a los demás le parecían imprescindibles, a él, ahora, le eran totalmente nimias? No, su mente era sabia, más que él, más que todos. Jamás había sido más feliz que ahora, cuando sentía tan vivamente el recuerdo del contacto de su mano en la de su padre o el olor tan rico de la comida que hacía su madre cada domingo, en medio de una batalla de cacerolas que hacían chup-chup o de la radio donde ambos -su madre y él- escuchaban el sermón de las siete palabras en Semana Santa mientras ella se peleaba con todo para dar de comer a tantos.

3 comentarios:

A. Quintana dijo...

,CHAPEAU,,

Rosy Robayna dijo...

Qué bueno Jesús! La que volvió atrás he sido yo al leer y se me hace hasta la boca agua.

Pepi dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que dijo Manuel Almeida de ti, en la presentación de Dragaria, eres un escritor nato, te guste o no te guste, lo eres. He leído tres relatos tuyos, el Semidiós, Marina y Carlos, me encantó, soy muy romántica desde chica, y ahora Don Nicolás. Vamos aquí tienes una nueva lectora fija. :) No te pude saludar el día de la presentación, te me perdiste, y como no estaba muy bien, me venían a buscar. Me alegro de conocerte, y espero que si no te molesta, me permitas que te siga leyendo. Enhorabuena.