jueves, 18 de mayo de 2017

Rutina nocturna



                         Los escucho todas las noches. Esta casa tiene los tabiques de papel. Los oigo tratar de hablar. Siempre empiezan igual. Uno de los dos le dice al otro que tienen que hablar. ¿Ahora? ¡Y cuándo, si no nos vemos hasta esta puta hora, joder! Luego un ruido de platos que son casi lanzados al fregadero. El ruido de una silla al rodarse de mala forma y de inmediato huelo el humo de un cigarrillo recién encendido. A ver, dime. ¿Te lo tengo que decir? Entonces él da un bufido. Es que entre mis muchas virtudes no está la de leer la mente, ¿sabes? No, pero tampoco está la de escuchar a quien te quiere y quiere hablar contigo. Después siempre ocurre lo mismo: uno grita no sé qué y la otra alza la voz para contestarle. Puñetazos en la mesa, Gritos sin sentido y un portazo que da por finalizada la conversación. Yo me tapo la cabeza con la almohada. ¡Como odio que mis padres se peleen cada noche! Me gustaría saber qué habré hecho mal hoy para que se griten de esa manera. Y como cada noche, me quedo dormido llorando mientras mi madre enciende cigarro tras cigarro y desgasta un poco más la raída alfombra del salón con sus paseos de aquí para allá.

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