jueves, 15 de junio de 2017

Helado de limón. (1ª parte).



              Fue una mala idea. Pésima. Pero en aquel momento no me lo pareció. En aquel momento creí que hasta podía ser divertido. Desde luego más divertido que pasar la tarde del domingo dormitando ante una película ñoña, de corte romántico y de factura alemana. Realmente no sé de quién fue la idea, si mía o suya, pero bajé del altillo que está en el trastero los viejos álbumes de fotos. Con un bol de roscas y una Coca-cola empezamos a bucear en un pasado que fue, de eso sí que nunca me cupo duda, peor, mucho peor. Allí estabas tú, con un pelo abundante y rizado, con unas camisetas tan ajustadas que se te notaba hasta el ombligo, con una esclava de plata en la mano derecha que llevaba escrito tu nombre en letras psicodélicas. Aparecías subido en la vieja Derbi roja con la que ibas a buscarme a la salida de clases, jugando al fútbol -más pachanga que partido- con los amigos del barrio, fumando en un chiringuito de playa con una cerveza helada en la mano y un cristo de oro descansando en la pelambrera que lucías en el pecho. ¿Te acuerdas? Antes, los hombres, llevabais pelo en el pecho y a nosotras nos encantaba jugar con él ensortijándolo con nuestros dedos. Entonces no lucías esa barriga en la que descansa el álbum ahora y tampoco tenías ese mal genio que hace que discutas por casi todo casi todo el tiempo. Antes, simplemente, éramos jóvenes y disfrutábamos de la vida, no luchábamos contra ella. 
(Continuará...)

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