viernes, 16 de junio de 2017

Helado de limón. (2ª parte.)



                 La ropa que llevábamos en aquellos años nos hacía reír cuando la mirábamos hoy. Aquellos pantalones de pata de elefante, aquellas blusas ajustadas y de colores llamativos, las botas con pitillera en la caña que llevaste durante un par bueno de años, las plataformas que llevábamos ambos, los vasos de cubata en la mano, los ojos rojos -no sé si por la mala calidad de las fotos o por el alcohol trasegado-, la cadena aquella con una raquetita de tenis que llevé cruzada por la mano y la muñeca, los días de reyes con tres o cuatro vinilos entre los regalos. Aquellos vinilos sí que molaban, ¿no crees? Aquellas portadas multicolores, las letras de las canciones en el interior, los equipos Hi-Fi que eran imprescindibles en cualquier casa que se preciara, las tardes en la playa, sin nada más que hacer que tostarnos al sol, comer pipas y escuchar música en el radio cassette Aiwa hasta que se hacía de noche. Fuimos repasando toda una vida juntos a través de esas fotos. Cuando solo éramos amigos, cuando éramos amigos especiales en la pandi, cuando empezamos a salir como novios, los primeros años de casados, los primeros kilos de más, las primeras arrugas, la distancia que, cada vez más, aparecía entre los dos en las fotos según pasaban los años. 
(Continuará...)

1 comentario:

A. Quintana dijo...

Buena memoria! Si, !y al detalle! Envidia sana.