miércoles, 13 de septiembre de 2017

Sara



                    Estaba totalmente seguro de que tenía mujer y un hijo, Sara y Ezequiel, de que se había casado en una pequeña ermita rural y de que había llevado a Sara a ver el mar por primera vez como viaje de novios.  Pero por más que revolvía la casa de arriba a abajo no encontraba nada que apoyara su creencia. Sin embargo, a pesar de ello, estaba absolutamente convencido de que aquello era así. Por eso, un sábado acudió a la policía a denunciar su desaparición. Y cuando la policía le dijo que, según los archivos, él jamás había estado casado, denunció a la policía ante un juez, y luego a este ante la prensa cuando su Señoría dio por buena la versión de la policía. Estaba absolutamente convencido de que alguien, una mano negra, conspiraba contra él y su ira adquiría niveles violentos cuando algún periodista, en alguna tertulia, resaltaba que no solo no había pruebas físicas de la existencia de su supuesta familia sino que de las que sí había era de su paso por diferentes centros de salud mental. ¿Qué sabrían ellos? ¡Claro que había estado en un hospital mental! Allí fue donde conoció a Sara. Se escaparon juntos una noche, en verano, y la llevó a ver el mar. Ella le dijo que era como el estanque del tío Paco, en el pueblo, pero sin un muro cochambroso que lo rodease. Allí fue donde ella le dijo que estaba embarazada de él y que quería llamar Ezequiel al niño. Allí, en aquella cala, se metieron los dos en el mar, y allí fue donde ella desapareció con Ezequiel, con su hijo. Hace ya tres años y desde entonces no ha parado de buscarlos, pero nadie quiere decirle dónde están o si de verdad existieron alguna vez.

No hay comentarios: