lunes, 11 de diciembre de 2017

La llamada de las tres. Última parte

              

                ¡Alicia! Qué nombre más bonito. Yo quise llamar así a mi hija, ¿sabes, niña? Pero no pude. Tradición de familia, ¿sabes?, tuve que llamarla Loreto. Sí, tienes razón. Loreto también es un nombre bonito. ¿Mi hija? Veinte años hace que no sé de ella. De repente, el auricular quedó mudo treinta segundos. Mi hija emigró  y le perdí el rastro con el tiempo y sus continuos cambios de domicilio. Pero no dejo de pensar ni un día en mi hijita.  ¡Así que eso es lo que decía el viejo para justificar su ausencia! Miró el reloj que colgaba en la pared de enfrente.  Aún faltaba un rato hasta que Anastasio -llámame Tassio-, su supervisor, volviera de comer.  Ella, ahora mismo, no podría tragar ni un bocado. Una mezcla de sentimientos se revolvían en su interior.  Su padre seguía  hablando, contando anécdotas sobre todo; sobre su trabajo de joven, sobre su mujer, sobre ella misma, pero Loreto solo escuchaba parcialmente respondiendo con monosílabos y con algún ¡claro!, entre ellos. De repente, tomó una decisión.  Tassio estaba a punto de llegar y ella ya no podía seguir con la conversación, no solo por la vuelta de su supervisor sino porque, una vez pasada la emoción del momento, volvió a ser esa mujer racional en la que se había convertido en estos veinte últimos años. Bastante lejos de la adolescente que salió huyendo de su casa. Don Juan, perdón,  Juanito, si es que es la costumbre. Juanito, mire, esta conversación me ha encantado tanto que me gustaría conocerlo en persona, y más  cuando me dice usted que está tan solo. En breve es mi cumpleaños y me gustaría visitarlo. ¿Yo? Yo tengo veinte años, mintió sin que le temblara la voz. Bueno, no los he cumplido. Lo haré en unos días. ¡Qué buena idea! Claro que lo celebraremos juntos. Perfecto, sí, he anotado la dirección.  No era la misma. Su padre también se había mudado a la capital. Tassio estaba ya entrando. Tenía que cortar. Juanito, mire,  en estos días me paso acompañada por unos amigos y salimos a dar una vuelta. ¿Le parece? Gracias. ¡Hasta pronto! 
                         Tassio estaba entretenido viendo un parte de incidencias así  que aprovechó para hacer otra llamada. ¿Policía? Sí, quiero denunciar una violación reiterada. A mí; yo soy a la que han violado. Desde los doce años hasta los diecinueve que logré huir de mi violador. Claro que sé su nombre y dirección,  apunte: Juan Martín,  vive en la calle Gladiolo verde n°3, bajo. Sí,  no se preocupe, pasaré  por comisaria a ratificar todo esto y a dar todas las explicaciones que precisen. Tassio estaba a tres pasos. Tenía que cortar ya. Gracias. Pasaré en dos horas. ¿Cómo, Anastasio? ¡Ay, perdón: Tassio! No, ningún problema. Picando piedra en la mina, como dices siempre. Pero mira, creo que esta vez estoy muy cerca de encontrar esa veta que pondrá en marcha todo. Eso, si no la he encontrado ya. Gracias, yo también me alegro, jefe. Por cierto, ¿podría salir hoy un poco antes?, es que... en fin, una de esas inoportunas jaquecas. Claro, Tassio, no te preocupes; mañana recupero ese tiempo. ¿Cómo? ¿Más  feliz? Es que acabo de recordar que pronto es mi cumpleaños, mintió de nuevo sin sentirse culpable por primera vez en el último mes que llevaba allí.

1 comentario:

Rosy Robayna dijo...

¿De veras saber que la pensaron le sirvió de algo? Acaso es más que suficiente...